Te fuiste en la mañana y por más que intenté alargar cada segundo antes de dejarte ir no pude evitar llorar.
Lloré cuando desperté, cuando te abracé, al vestirme para ir a trabajar y hasta el pobre chofer de Uber tuvo que aguantar mis lágrimas. Tu cara expresaba algo, no sé bien qué es pues nunca has sido muy expresivo. Aún no te ibas y yo ya te extrañaba más que a nadie.
Fue tú decisión, pero me afecta tanto a mí como a ti. Me habría gustado más que pensaras en "nosotros" y no sólo en ti, pero entiendo perfecto tus razones y no soy quién para juzgarlas. Hoy, mientras escribo, estoy sola con mi gato al lado, en un cuarto repleto de cosas tuyas y mías en las que no me encuentro. Rodeada de gente que dice que "todo va a estar bien" y trata de apoyarme, pero aún así me siento sola.
Es raro, espero acostumbrarme. Espero no olvidarte, que tu ausencia no sea mi nueva compañía y que la mía no sea una excusa. Y mientras termino de escribir esto, siento tanto frío, como miedo.
No quiero poner una imagen de mi escena actual, mejor recordemos cuando comíamos pizza y veíamos pelis juntos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario